Por LA MESA HABLA | 8 MARZO 2026 |
En La Mesa Habla queremos dedicar este artículo y este 8 de marzo a ellas: a las mujeres que han sostenido, en silencio, la memoria culinaria de nuestras familias; y a las que, con mucha menos docilidad y mucha más contundencia, se abren paso en un sector que por fin empieza a reconocer su talento.
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Hablamos de nosotras en nuestro día: el 8 de marzo
8 de marzo
Cada 8 de marzo miramos a nuestro alrededor y nos preguntamos cuánto ha cambiado el mundo para las mujeres… y cuánto falta todavía por cambiar. La gastronomía no es una excepción. Durante siglos, la cocina doméstica ha sido “su” espacio obligado, el de las mujeres, mientras las grandes cocinas profesionales se llenaban de nombres masculinos y chaquetillas blancas con apellido de hombre bordado en el pecho.
Hoy, sin embargo, esa historia se está reescribiendo, cucharón en mano, desde los fogones de casa hasta las barras más premiadas.
8 de marzo

Día Internacional de la Mujer
De “lo natural” a lo profesional
feminismo
Durante décadas se dio por hecho que las mujeres debían cocinar. No como un arte ni como una profesión, sino como una obligación ligada al cuidado: poner el plato en la mesa, alimentar a la familia, “resolver la comida” a diario con un presupuesto ajustado y, casi siempre, sin aplausos. En esa cocina sin focos se fraguó buena parte de lo que hoy llamamos tradición gastronómica.
Las madres y abuelas que no salían en las guías ni en los rankings hicieron algo extraordinario: convirtieron la escasez en creatividad, el tiempo lento en salsa ligada, la repetición diaria en recetario heredado. Ellas fueron las primeras maestras de muchos cocineros y cocineras de hoy, aunque sus nombres no figuren en ninguna placa. Cada croqueta perfecta, cada guiso que sabe “como los de antes”, lleva la huella de esas manos anónimas.
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8 de marzo
Sin embargo, cuando la cocina se convertía en profesión, el discurso cambiaba. Lo que era “natural” para la mujer en casa se volvía “genialidad” cuando lo hacía un hombre en un restaurante. A ellos, los grandes titulares; a ellas, el mandato de seguir cocinando gratis. Esa fractura es una de las grandes injusticias que el 8 de marzo nos obliga a mirar de frente.
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Mujeres que mueven la gastronomía
La Mesa Habla
Hoy el mapa ya no es el mismo. Hay jefas de cocina, sumilleres, jefas de sala, productoras, queseras, panaderas, enólogas, ganaderas, críticas gastronómicas y divulgadoras, entre otras, que cada día son más visibles, gracias a su trabajo y al poder de las redes sociales.
Chefs que firman alta cocina sin renunciar a su raíz, pasteleras que mezclan tradición y vanguardia, cocineras que reivindican los guisos de cuchara, las legumbres, los platos “de diario” como patrimonio gastronómico de primera categoría. Mujeres que entienden la cocina como un lugar de creación, de discurso cultural y, también, de activismo: desde el producto de proximidad hasta la defensa de las temporeras, las trabajadoras de sala o las jornaleras invisibles.
Junto a ellas, asociaciones, colectivos y movimientos de mujeres han levantado la voz para algo tan sencillo y a la vez tan revolucionario como esto: mismas oportunidades, mismos escenarios, mismas posibilidades de conciliar vida personal y vida profesional. La sororidad, esa palabra que ya forma parte del día a día del 8M, también se cocina. Y se cocina en las redes sociales.
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La tradición tiene nombre de mujer
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Si hay un lugar donde la aportación femenina es incuestionable, es en la tradición culinaria. Casi todos hemos dicho alguna vez “esto me sabe a mi abuela” o “nadie hace la salsa como mi madre”. Esa frase es, en sí misma, un reconocimiento. En sus cuadernos de recetas, en las libretas manchadas de aceite, en las anotaciones al margen de un libro de cocina gastado, viven técnicas, proporciones y trucos que hoy rescatan tanto la alta gastronomía como los proyectos de cocina más humilde.
Ellas conservaron variedades locales cuando “no tocaba” hablar de biodiversidad, hicieron cocina de aprovechamiento cuando no existía la palabra sostenibilidad, practicaron la cocina lenta cuando aún no hablábamos de “slow food”. Su cocina era, sin saberlo, ecológica, de temporada y de cercanía. Y era, sobre todo, profundamente afectiva: la mesa como lugar de reunión, el plato caliente como abrazo y el postre del domingo como pequeña fiesta doméstica.
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8 de marzo
Reivindicar la tradición sin mencionar a esas mujeres es contar solo la mitad de la historia. Cuando celebramos nuestras recetas de siempre, estamos celebrando también su paciencia, su creatividad y su capacidad para alimentar cuerpo y memoria al mismo tiempo.
8 de marzo

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8 de marzo
Un sector que aún debe cambiar
gastronomía de España
Sería ingenuo decir que ya está todo hecho. La brecha salarial, los horarios eternos, la dificultad para conciliar, la escasa presencia de mujeres en puestos directivos o en jurados de premios siguen siendo una realidad. A muchas cocineras se les exige demostrar el doble, soportar comentarios que sus compañeros hombres no escuchan y conciliar cocina, familia y vida personal en un equilibrio digno de funambulista.
La hostelería es un sector duro para cualquiera, pero especialmente para ellas. Por eso el 8 de marzo no puede quedarse en una campaña puntual de marketing morado. Hace falta revisar horarios, estructuras, protocolos de prevención del acoso, formas de selección de personal, criterios de premiación y espacios de decisión. No se trata solo de “visibilizar”, sino de redistribuir poder.
También es importante mirar más allá del restaurante gastronómico: pensar en las mujeres que trabajan en comedores escolares, hospitales, residencias, catering, bares de barrio; en las que recolectan, transforman, distribuyen. La cadena alimentaria está llena de manos femeninas que sostienen el sistema con contratos precarios y poca voz. El feminismo también pasa por ahí.
gastronomía de España


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La Mesa Habla… también de ellas
La Mesa Habla
Para La Mesa Habla, hablar de gastronomía es hablar de territorio, de memoria y de identidad. En todo eso, las mujeres han sido y son protagonistas, incluso cuando el relato oficial las ha colocado en un segundo plano.
Este 8 de marzo queremos:
- Agradecer a las madres, abuelas y tías que nos enseñaron a amasar, a probar de sal, a “no tirar nada”.
- Reconocer a las cocineras profesionales que, dentro y fuera de España, se dejan la piel para demostrar que el talento no tiene género.
- Escuchar a las mujeres que trabajan en toda la cadena alimentaria, desde la tierra hasta la mesa, y preguntarnos qué podemos hacer, como consumidores y como sector, para que su trabajo sea más justo y visible.
- Recordar que cada receta heredada es también un acto de transmisión cultural, un hilo que nos une a las mujeres que vinieron antes y a las que vendrán después.
feminismo

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Sabiduría popular
8 de marzo
El 8 de marzo es un día para que la gastronomía mire a sus cocinas, a sus despensas y a sus equipos, y se pregunte si esa igualdad de la que tanto hablamos se saborea de verdad en el día a día.
mujer trabajadora

mujer trabajadora
Porque al final, la mesa es un espejo de la sociedad. Si en la mesa caben todas las voces, todas las manos y todas las historias, quizá estemos un poco más cerca de ese mundo más justo que tanto reclamamos cada 8 de marzo. Mientras llega, sigamos cocinando cambio, plato a plato, palabra a palabra. Y, sobre todo, escuchemos a las mujeres que llevan generaciones haciéndolo posible.
8 de marzo
La cocina es esencialmente femenina, y lo incoherente es asumir la superioridad de los cocineros frente a las cocineras.
Emilia Pardo Bazán





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