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Los Caracoles: 190 años entre conchas y brasas

Por LA MESA HABLA | 30 ENERO 2026 |

Los Caracoles es uno de esos restaurantes que ya no son solo un comedor: son un escenario de la historia de Barcelona donde se sigue cocinando como antes… y donde los caracoles todavía mandan. Hemos viajado a la Ciudad Condal y es casi obligatorio detenerse en esta casa que, a sus 190 años, sigue estando en plena forma.

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Una breve historia de Los Caracoles

Los Caracoles

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Los Caracoles

El origen del restaurante Los Caracoles se remonta a 1835, cuando Agustí Bofarull y su esposa abren la taberna Can Bofarull en la calle Nou de Sant Francesc, cerca de las Ramblas. Allí se vendía vino a granel, aceite, licores, jabón… era el bar de los marineros y las gentes del puerto.

El gran giro lo da su primo Felicià Bofarull, que empieza a servir comida sencilla para acompañar el vino: sardinas escabechadas, anchoas, olivas, ostras… y unos caracoles en salsa que se convierten en la tapa estrella de la casa. La fama crece tanto que en 1915 el local adopta el nombre con el que hoy lo conocemos: Los Caracoles.

cocina tradicional

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cuina catalana

En 1934 la antigua tasca se transforma ya en restaurante, ampliando el espacio y montando el célebre asador a la vista. Supera guerra civil y posguerra sin cerrar, y en los años 40, 50 y 60 vive su particular edad de oro con una clientela mezcla de barrio, bohemia, periodistas, anarquistas, marineros y señores de alta alcurnia que buscaban reservados discretos. Por sus mesas pasan figuras como Salvador Dalí que contribuye a fijar el mito.

Hoy, la familia Bofarull sigue al frente, y Los Caracoles se considera el segundo restaurante más antiguo de Barcelona, 190 años después de que se sirviera el primer vino a granel.

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Un paseo por Los Caracoles es un viaje en el tiempo

Los Caracoles

Quien va por primera vez a Los Caracoles vive un ritual que muchos recuerdan durante años: para llegar al comedor principal se entra por la cocina, cruzando, literalmente, junto a los fogones. Esa visión —brasas encendidas, cazuelas, el horno centenario— es una declaración de intenciones: aquí la cocina es protagonista y no se esconde.

En la calle, junto a la entrada al establecimiento, los pollos giran al fuego de leña. Se nos ocurre hablar del aroma de esa calle:

En la calle humea el asador viejo,
aroma de pollo que abraza el adoquín.
Piel crujiente, jugo dorado que vuela,
invita al hambre, despierta el festín…

restaurante centenario

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restaurante centenario

El interior es un laberinto de salones, escaleras estrechas, paredes llenas de fotos, botellas y recuerdos de época. Hay comedores que conservan aire de bodega antigua, reservados que evocan la Belle Époque y rincones donde la iluminación tenue y la madera envejecida construyen una atmósfera que a muchos les suena a película de época.

Los Caracoles

Los Caracoles en Barcelona

No es un restaurante minimalista ni pretende serlo: es un teatro costumbrista, con camareros veteranos, vajilla clásica y ese bullicio controlado de las casas de comidas de toda la vida. Para el comensal gastronómico, el encanto está precisamente en esa autenticidad escenográfica.

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cocina catalana

La cocina de Los Caracoles: tradición catalana sin complejos

Los Caracoles

La carta de Los Caracoles se mueve entre la cocina catalana tradicional y la mediterránea de corte clásico. No hay grandes experimentos: hay guisos, brasas, arroces y mariscos. Y, por supuesto, caracoles.

Entre los entrantes destacan los caracoles especiales, la tapa que dio nombre al restaurante, servidos con una salsa potente para mojar pan sin pudor. Las croquetas de pollo y jamón y croquetas de rabo de toro, muy presentes en opiniones de clientes por su punto cremoso. También los callos con garbanzos, escalivada, gazpacho y ensaladas clásicas como la de ventresca de bonito.

Los Caracoles

Croquetas 1835 (Croqueta de nuestros pollos al ast con alioli del asado), ensalada con bacalao confitado y salvitxada y los caracoles de la casa.

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En pescados, la carta ofrece desde un lomo de bacalao a la llauna o a la empordanesa, hasta pulpo a la brasa, salteados de chipirones con trigueros y habitas o tartar de salmón.

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Bullabesa con pescado salvaje

Los Caracoles

Pero el corazón de la casa está en las carnes y el asador. El mítico pollo al ast hecho con leña, que lleva más de un siglo girando frente al fuego y que muchos barceloneses identifican como uno de los sabores de su infancia. Cabrito al horno, butifarra con judías del ganxet, rabo de toro, cochinillo de Segovia y otros asados que descansan sobre patata y jugo de carne también forman parte de la historia de Los Caracoles.

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Manita de cerdo deshuesada con trompeta de la muerte y gamba roja. ¡Soberbia la combinación!

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Los arroces completan la propuesta: paella de pescado y marisco, arroz negro con sepia y otras variantes para dos personas, siguiendo una línea muy clásica.

En los postres aparecen tartas caseras (como la de queso Los Caracoles), mousse de tres chocolates y dulces tradicionales que cierran el viaje sin estridencias.

Los Caracoles

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Espuma de turrón de almendra con chocolate y Trufa de chocolate de la tierra y ratafía

Casa Bofarull

En bodega, la selección recoge denominaciones como Rioja y Penedès, Ribera del Duero o Albariño, entre otras muchas, pensadas para acompañar una cocina de salsas y brasas.

Casa Bofarull

Los Caracoles

¿Qué dicen los comensales? Luces, sombras y mucho turismo

Los Caracoles

Ser un restaurante histórico en pleno barrio gótico de Barcelona, a dos pasos de la Rambla, implica una cosa: turismo. Y eso se nota en las opiniones de los visitantes.

El aspecto más controvertido en estos restaurantes centenarios suele ser la relación calidad-precio: para algunos, el encanto del sitio y la cocina tradicional justifican la cuenta; para otros, la cuenta resulta alta para una cocina que no busca sofisticación técnica, sino pura nostalgia.

cocina tradicional

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Entre sus ventajas:

Memoria gastronómica viva | Pocos lugares permiten entender tan bien cómo comía la ciudad en el siglo XX: tapas de bodega, brasas, marisco sencillo, caracoles y pollo al ast.

Cocina reconocible | Para muchos visitantes extranjeros, supone una puerta de entrada amable a la cocina catalana sin necesidad de descifrar platos excesivamente técnicos.

Experiencia escénica | Entrar por la cocina, subir y bajar por salones antiguos, sentir las brasas… es una vivencia que va más allá de la pura degustación.

Para nosotros, la clave quizá esté en ajustar expectativas: no vamos a un gastronómico de vanguardia, sino a un restaurante clásico del barrio gótico convertido en icono, donde se paga tanto por el plato como por formar parte de la historia de la ciudad. Nosotros volveremos.

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Sabiduría popular

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Los Caracoles es un ejemplo perfecto de cómo un restaurante puede convertirse en patrimonio sentimental de una ciudad. No es un lugar para buscar la última moda, sino para sentarse y entender que mucho antes de que habláramos de “kilómetro cero” o “comfort food”, ya había una familia en el Gòtic sirviendo caracoles en salsa y pollos al fuego de leña a un Barcelona que empezaba a descubrir el placer de comer fuera de casa.

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La tradición es la mejor innovación en la cocina.

Ferrán Adriá

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RESTAURANTE LOS CARACOLES (Acceder a la web del restaurante Los Caracoles)

Carrer del Escudellers, 14 Ciutat Vella | 08002 BARCELONA

Teléfono: +34 93 012 041

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