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EL VINO EN EL ARTE LA MESA HABLA

Vendimiando Jerez, de Sorolla

El fin del verano y la llegada del otoño traen la vendimia, la recogida de la uva, el broche de oro a todo un año de trabajo en los campos. Muchos pintores en la historia no han podido sustraerse a pintar esta actividad en sus lienzos (ya analizamos aquí «El viñedo rojo» de Vincent Van Gogh). Sus pinceles han reflejado los colores de las viñas y las vides y a los propios vendimiadores. El maestro Sorolla no fue una excepción. Hablamos de Vendimiando Jerez.

Descripción de la obra

Prolífico artista español, Joaquín Sorolla y Bastida dejó más de 2.200 pinturas catalogadas, varias de ellas íntimamente relacionadas con el mundo del vino, la vid y los viñedos.

Vendimiando Jerez lo conforman un total de diez bocetos realizados al óleo pertenecientes a un encargo que recibió el artista.

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El pintor valenciano, en 1914, en plena madurez, cogió sus pinceles y viajó a Jerez para inmortalizar el origen de uno de los vinos españoles más internacionales.

En los bocetos donde aparecen vendimiadoras lo hacen con el clásico atuendo protector del calor y del sol. Consistía éste en un sombrero ancho de paja que escondía un pañuelo que cubría la cabeza para salvaguardar el rostro del polvo. Otros bocetos son estudios de las vides y del campo.

Pero todos tienen algo en común: la luz que imprimía el artista. Con esa luz tapaba intencionadamente la realidad algo menos idílica que atravesaba el campo jerezano en aquellos tiempos, del que os hablamos más adelante.

El pintor: Joaquín Sorolla y Bastida

Joaquín Sorolla y Bastida (Valencia, 27 de febrero de 1863 – 10 de agosto de 1923) fue un pintor español que destacó en la pintura de retratos, paisajes y obras monumentales de temática social e histórica. Sus obras más típicas se caracterizan por su representación de las personas y el paisaje bajo la luz del sol de su tierra natal.

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Retrato de Benito Pérez-Galdós, pintado en 1894. Ese rostro fue estampado en los billetes de 1.000 pesetas en 1978 para acompañar el día a día del país durante más de dos décadas.

“El pintor de la luz”, le llamaban…

Cursó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, ubicada en Valencia y creada en 1768 por el rey Carlos III. Huérfano de padre y madre desde bien pequeño, pudo continuar su formación entre París y Roma gracias a una beca. Allí conocería de cerca las obras de los grandes maestros clásicos y, fundamentalmente, las obras impresionistas. El impresionismo marcaría toda su trayectoria artística.

Me sería imposible pintar despacio al aire libre, aunque quisiera… No hay nada inmóvil en lo que nos rodea […] Pero aunque todo estuviera petrificado y fijo, bastaría que se moviera el sol, que lo hace de continuo, para dar diverso aspecto a las cosas.

Joaquín Sorolla
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Una de sus obras más famosas: «Triste herencia», pintada en 1899.

Se casó con Clotilde García del Castillo, con la que tuvo 3 hijos. Ella se convirtió en su musa y fue una constante en sus cuadros, como sus hijos. A su lado recorrió el mundo, cuando muy pocas personas podían hacerlo.

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«Paseo a orillas del mar», pintado en 1909, es uno de los cuadros de su mujer, la cual sostiene una sombrilla, junto a su hija mayor caminando al atardecer por la playa de Valencia.

Sufrió un derrame cerebral en 1920, mientras pintaba un retrato en su jardín de Madrid. Paralizado durante más de tres años, falleció en 1923.

Autorretrato y fotografía del pintor

Las Provincias de España: el encargo más importante de Sorolla

El contrato más importante de la carrera de Sorolla lo firmó en 1911, al final de su carrera. Consistió éste en un mural de 70 m de largo con 14 escenas diferentes de España para The Hispanic Society of America en Nueva York. Lo llamaron «Las Provincias de España» y se abrió al público en 1926.

Para realizar este encargo Sorolla recorrió, entusiasmado, media España, realizando un sinfín de apuntes y de cuadros más o menos terminados.

Visión de España por los Maestros del siglo XX, en The Hispanic Society of America en Nueva York.

A pesar de la inmensidad de los lienzos, Sorolla los pintó, todos menos uno, al aire libre y viajó a lugares concretos para pintarlos: Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia, Elche, Sevilla, Andalucía, Extremadura, Galicia, Guipúzcoa, Castilla, León y Ayamonte. En cada sitio pintó modelos ​​con trajes locales y cada pintura celebraba el paisaje y la cultura de su región, panoramas compuestos por multitudes de trabajadores y lugareños. 

También se desplazó a Jerez, para pintar su vendimia, aunque finalmente estos cuadros no formaron parte de esa colección. Llegó a Jerez el 7 de octubre de 1914 y estuvo allí hasta el día 22. Se hospedó en casa del empresario bodeguero Pedro Nolasco González Soto, hijo del fundador de las bodegas González Byass y primer marqués de Torresoto de Briviesca. 

Dónde podemos ver el cuadro

Los diez bocetos dedicados a la vendimia de Jerez los podemos ver en el Museo Sorolla, en Madrid, la que fue la casa del artista.

La memoria de Sorolla sigue viva gracias a la generosidad de su viuda e hijos. Dejaron un legado extraordinario al estado español y parte de esa obra, el conjunto más sobresaliente, dio lugar a la creación del Museo Sorolla. Éste abrió sus puertas en 1932.

El Museo Sorolla conserva el ambiente original de la vivienda y taller del pintor, siendo una de las casas de artista mejor conservadas y más completas de Europa. Junto a los fondos de pintura y dibujo, el Museo Sorolla conserva una variada colección de escultura, mobiliario, cerámica, vidrio, textiles y diferentes objetos que formaron parte de la vida cotidiana del pintor y su familia. El jardín, que diseñó el propio Sorolla, es un precioso oasis en la ciudad.

La obra de Sorolla está representada en museos de España, Europa y América, y en muchas colecciones privadas de Europa y América.

Sabiduría popular

Desde finales del siglo XIX, varios eran los problemas que acuciaban a los trabajadores del vino de Jerez.

Por un lado, la proliferación de vinos adulterados por parte de productores con pocos escrúpulos, que habían puesto en el mercado jereces de dudosa calidad e incluso potencialmente peligrosos para el consumidor, lo que había hecho caer en picado su centenario prestigio.

A este hecho se unía que los principales mercados importadores, Inglaterra y Holanda, se lanzaron a la producción de “vinos de imitación” y otros productos, que desplazaron en el mercado a los auténticos vinos jerezanos. Todo esto, ciertamente, acabó por hacer mella tanto en la demanda como en los precios del vino de Jerez.

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Trabajadores en una bodega de Jerez.

A todos estos problemas vino a unirse a principios de siglo el drama de la filoxera, que ya había acabado con gran parte del viñedo europeo y que acabó por devastar parte del viñedo de la zona.

Y por si no fuera bastante, las primeras décadas del siglo XX resultaron especialmente convulsas para los trabajadores del viñedo jerezano que vivían profundamente preocupados por sus derechos. Después de muchos enfrentamientos, los trabajadores del vino de la zona fueron creando diferentes sociedades para promover sus intereses y poder defenderse de los abusos que sufrían.

Ya te he contado mi vida de hoy, es monótona, pero ¿qué hacerle? Siempre te digo lo mismo, pintar y amarte, eso es todo. ¿Te parece poco?

Joaquín Sorolla y Bastida

MUSEO SOROLLA (Acceso a la web del Museo Sorolla)

Pº del General Martínez Campos, 37 | 28010 MADRID

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